Entre sueños conseguí ver los bosques desde las alturas.

Volaba muy alto y a gran velocidad. 

De repente me dirigí en picado sobre la Tierra, con decisión, sin miedo, con gran precisión, sin dejar que las ramas de los árboles me dañaran. 

Una vez en tierra seguí mi transformación, ahora corría a cuatro patas y mi agilidad y mi fuerza me permitían saltar de roca en roca y precipitarme ladera abajo, sintiendo el viento en mi cara.

Me sentía feliz, libre, fuerte, con mucha energía, sentía que formaba parte de todo lo que me rodeaba.

La Madre Naturaleza me guiaba, yo simplemente me dejaba llevar por el impulso de la Vida.

 

Me desperté. Otra vez había soñado con mi Nahual, todavía lo sentía en mi cuerpo y sabía que formaba parte de mí.
El sueño me había permitido recordar mi fuerza, mi energía, mi conexión con la Tierra.

 

Me prometí que no olvidaría esta sensación, me prometí que no permitiría que la domesticación me hiciera olvidar mi instinto animal.

 

Nahual es tu animal de poder.

Es tu instinto.

Es la sabiduría que viene de la Tierra.

 

 

Es hora de confiar en tu nahual.

Es hora de creer en la magia.

 

 

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